
Igualdad Lechuga nació el día mas frío que se registro ese año. Su madre al verla de frente la amo de inmediato, pero cuando la voltearon y le mostraron su espalda… los gritos de la mujer espantaron a todo el hospital.
Alegaba que esa criatura no era su niña, se convenció que su hija había nacido muerta, pues eso que estaba allí imposible que hubiese salido de su vientre.
Así es que su bisabuela paterna se la llevo a su casa.
Nunca fue a la escuela por miedo a que los niños crueles de siempre se burlaran de ella, así que la vieja le entrego los precarios conocimientos que poseía y recordaba, de tal manera que la niña aprendió a garabatear en un papel los mandados de la abuela.
Nadie le dirigía la palabra en el mercado, la pensaban idiota o muda, además su rostro era tan dulce, tan angelical, que daba miedo; contrastaban sus ojos, dos abismos violetas y ancianos, con su blancura insana; su cuerpo apenas parecía de una niña de 6 años y ya tenía 12… y su olor; ese olor a nuez y canela que le emanaba del cuerpo….. no ella definitivamente no era normal para los ojos de la gente.
Y si era invierno o verano daba igual, siempre se paseaba envuelta en chales, nunca le escucharon palabra alguna, solo un sonido agudo que escapaba a veces de su boca.
Un mal día su abuela enfermo, Igualdad cuidaba diligentemente de su viejita, día y noche no se despegaba de su lado, no sabía que tenía solo que empeoraba.
Practico todos los remedios que en ella había hecho la abuela; ventosas, agüita de caracol, cataplasmas de vela, pero nada, la vida se le escapaba quien sabe por donde.
La mañana de su cumpleaños numero 13 despertó con su abuela parada los pies de su camastro, chillo de alegría hasta que la anciana le pidió con voz mas del otro lado que de acá que escribiera una nota.
Una semana despues los vecinos mareados ya con el olor a nuez y canela que embriagaba toda la calle, decidieron entrar a la casa.
Tropezaron con el cuerpo de la vieja, más allá el cuerpo de la niña, ni una gota de sangre, solo nueces y canela.
Sobre la mesa, la cabeza de Igualdad con sus ojos violetas fijos mirando la muerte, la vieja eso sí tuvo cuidado de cortarla bajo las dos alitas violetas que nacían de su cuello.